Viajes a Líbano

Lámina de las ruinas de Baalbek (Líbano)

Líbano formó parte de la antigua Fenicia, civilización que alcanzó su máximo esplendor durante las Edades de Cobre y Bronce. Los emporios marítimos de Sidón, Tiro y Biblos llenaron de colonias el litoral mediterráneo. Tras la decadencia de Fenicia, Líbano pasó por muchas manos, desde persas a turcos otomanos. Todos y cada uno de ellos dejaron en su suelo huella de su paso.
Viajar a Líbano es bucear en la civilización fenicia visitando Tiro y Sidón; es saborear miles de años de historia en las colosales ruinas de Baalbek; rodearse de estalactitas y estalagmitas en la espectacular Gruta de Jeita (la más impresionante del mundo); admirar los palacios y caravasares en el tradicional pueblo de Deir al-Qamar; visitar alguno de los numerosos castillos que árabes y cruzados construyeron en la costa: el Castillo del Mar, el Castillo de Beaufort, Qala’at al-Muizz; descubrir la inmensa Tumba de Hiram. Recorrer los impresionantes yacimientos arqueológicos de Mina y de Al-Bass, testigos del esplendor romano; explorar la ciudad omeya de Anyar; pasear entre los cedros centenarios de las Montañas de Chouf, vestigios de aquellos que permitieron a los comerciantes fenicios construir sus naves con las que comerciaron por todo el Mediterráneo.

Nuestros "Viajes Exclusivos" a Líbano

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(13 días)

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CIUDADES

BAALBECK

Baalbeck está situada a 85 Km. al Este de Beirut, sobre las alturas del Valle de la Bekaa; en el cruce de antiguas rutas de caravanas que unían el trayecto de la costa mediterránea con la carretera de Damasco, Norte de Siria y Palestina. El privilegiado sitio, a lo largo de la Historia, representó un vital centro comercial e importante santuario ritual.
El emperador Augusto dominó Beirut y Baalbeck en el año 15 a.C., y dada la importancia comercial y religiosa de la ciudad, hizo de que esta reflejara la imagen espléndida del Imperio Romano. Así se erigió el magnífico templo de Baalbeck, considerado una de las siete Maravillas del Mundo. Semejante obra fue llevada a cabo durante tres siglos y medio.
Si bien los templos de Baalbeck son romanos, tuvo también una fuerte influencia local semítica, resultado de la injerencia directa de eclesiásticos locales en la planificación de los templos, con el objeto de adecuarlos a los rituales del lugar.
La triada estaba compuesta por Júpiter, una exteriorización de Hadal, el gran dios de la tormenta; Venus la gran diosa madre siria y Mercurio un joven dios de la siembra y de los rebaños, fuente de recursos de Baalbeck en aquel tiempo.

Un recorrido a través del tiempo
Durante siglos, los templos de Baalbeck habían sufrido deterioros a causa de los terremotos y las destrucciones humanas, en tiempos medievales y contemporáneos. El 10 de noviembre de 1898, el emperador alemán Guillermo II, visitó Baalbeck e inmediatamente envió una misión científica para efectuar excavaciones y remodelaciones en el lugar. Posteriormente ingenieros y arqueólogos franceses continuaron con las obras durante el período del mandato francés en el Líbano, donde la Dirección General de Antigüedades del Líbano continúa realizándolas desde que el Líbano obtuvo la independencia.
Los templos de Baalbeck fueron construidos sobre una colina cuyo origen se remonta, por lo menos, a fines del tercer milenio a.C.
A pesar de la incertidumbre de las capas que conforman la colina, se estima que la misma fue acondicionada para la edificación de un altar, en el primer milenio a.C., según costumbres semíticas y mencionadas en la Torá.
En el transcurso de la época helenística (333-64 a.C.), bajo la influencia de los Ptolomeos egipcios, los cultos de Baalbeck fueron afectados por el culto al Sol, cuya capital histórica fue la ciudad egipcia de Heliópolis o Ciudad del Sol. El antiguo patio fue entonces ampliado y un podio fue construido en su extremo Oeste, con el objeto de erigir un templo clásico. Pero el mismo jamás fue edificado y solo algunos restos de las infraestructuras todavía testimonian tal proyecto helenístico.
La construcción del Gran Templo comenzó bajo el mandato de Augusto, a fines del siglo primero a.C. y finalizó con el emperador Nerón (37-68 d.C.). En cuanto al Gran Patio, con sus pórticos, sus exedras, sus altares y sus estanques, fueron construidos y finalizados en el transcurso del segundo siglo d.C. También fue construido en el segundo siglo el Templo pequeño, consagrado al dios Baco. En el tercer siglo, bajo la dinastía de los Severos (193-235 d.C.), se iniciaron las obras de los propileos y del Patio Hexagonal, época en que también se vio concluido el Templo de Venus. A comienzo del cuarto siglo, los trabajos se vieron comprometidos a raíz de la promulgación del Edicto de Milán (313 d.C.) por parte del emperador Constantino el Grande, que reconoció el cristianismo como religión oficial del Estado. Hacia fines del cuarto siglo, Teodosio, destruyó los cultos paganos de Heliópolis y sus símbolos mas sagrados, a saber, los altares del Gran Patio, reemplazándolos por una basílica cristiana. Los ábsides de esta basílica originariamente orientados hacia el Oeste, aun se pueden observar en las escaleras que conducen al Gran Templo.
A raíz de la conquista árabe en 636 d.C. los templos fueron transformados en una Qal´a (ciudadela). En los ulteriores siglos, la ciudad pasó sucesivamente de los Omeyas a manos de los Abasidas, los Fatimitas y los Ayubitas. Hacia el año 1260, los mongoles la saquearon y fue restituida por los Mamelucos, época en que la ciudad conoció la prosperidad y el desarrollo.

Visita a los sitios
El complejo ritual de Baalbeck está compuesto de tres monumentos principales:  el  Santuario de Júpiter , el Templo de Baco  y el Templo Redondo, conocido como Venus. Hay restos de un cuarto templo que domina la colina de Cheuh Abdlah, al Sur de la ciudad.

  • El Gran Templo de Júpiter
    La imagen que uno tiene de Baalbeck es la que representa, indiscutiblemente, las seis columnas de 22 metros de altura. Estas columnas de inmensas bases demuestran lo que debió haber sido las dimensiones del gran monumento.
    El Gran Templo estaba compuesto de cuatro partes: la entrada monumental o Propileos, un Patio Hexagonal, un Gran Patio y finalmente el Templo, propiamente dicho.
    Los propileos, están precedidos de gradas semicirculares y de una entrada, apoyados sobre 12 columnas de granito, rodeadas por dos torres. Las incrustadas escaleras, en el interior del muro, facilitaban el acceso al techo desde donde se permitía observar el conjunto del complejo. Tres puertas conducen al Patio Hexagonal, a cielo abierto, rodeado de un pórtico de 30 columnas de granito que fuera construido durante la primera mitad del tercer siglo. Hacia fines del cuarto siglo, el Patio fue cubierto con una cúpula de bronce bañada en oro, luego transformada en una iglesia.

  • El Gran Patio
    Mide 134 m. de largo por 112 m. de ancho. Contiene las principales instalaciones del culto, en reemplazo de las explanadas de antiguos lugares. Visto que el templo se encontraba emplazado sobre un terraplén, los ingenieros tuvieron que apuntalarlo en resguardo de que no cedieran sus partes. La operación consistió en construir estructuras abovedadas en sus fachadas del lado Este, Norte y Sur del templo. Estas bóvedas servían de corredores subterráneos y establos,  al mismo tiempo como zócalos para los pórticos y las exedras del Patio.
    En el centro del Gran Patio se levantaban dos imponentes estructuras, un altar de sacrificios (la más cercana al templo) y una inmensa torre. Esta “torre”, del primer siglo d.C., estaba probablemente destinada a los peregrinos para que pudiesen seguir las ceremonias desde los techos. Al costado de la torre se elevan dos columnas de granito, una roja y otra gris. Alrededor de la torre y del altar se ubican dos estanques de agua para la práctica de los rituales. A fines del cuarto siglo, estos templos fueron destruidos para dar lugar a la construcción de la basílica cristiana.
    Después de haber atravesado los Propileos, el Patio Hexagonal y el Gran Patio rectangular, se llega al final del Gran Templo. La sucesión de espacios perfectamente definidos es el resultado de una típica simetría semítica. El Templo mide 88 m. de largo por 48 m. de ancho y se erige sobre un podium que se levanta encima del nivel del patio, a 20 m. sobre el terreno del Patio. Construido de una piedra enorme, tres de las cuales se encuentran en la parte occidental. Cada piedra mide 20 m. de largo por 4 m. de alto y 3 m. de espesor. Se sube al templo por una inmensa escalera. Originariamente, el templo estaba rodeado por 54 columnas, adornadas con cabezas de leones y de toros.

  • El Pequeño Templo, llamado Baco
    Se encuentra próximo al complejo de Jupiter. Construido en el transcurso del segundo siglo d.C., se caracteriza por su excelente estado de conservación y por poseer el mejor ornamento.
    Contrariamente al Gran Templo que parece haber sido dedicado al culto publico de la Triada de Heliopolitana, el Pequeño Templo parece haber sido consagrado a un culto al cual eran admitidos los iniciados. Este culto estaba centrado alrededor del joven dios de Baalbeck, considerado como una divinidad solar que controlaba el crecimiento de la siembra y los rebaños. Los rituales consistían en beber vino y tomar droga, como el opio, utilizados por los fieles con el objeto de llegar al éxtasis.  Por lo demás, las representaciones de viñas y de espigas de trigo sobre las puertas del templo y otras escenas báquicas esculpidas fue lo que llevó a atribuir este templo a Baco.

  • El templo redondo, Venus
    Al Sureste de la Acrópolis se erige una verdadera joya de la arquitectura romana, única del tercer siglo. El templo, dedicado a honrar los dioses de Baalbeck, explica de alguna manera su orientación hacia el Gran Templo y su modificación, en la época bizantina, en una iglesia dedicada a Santa Bárbara, patrona de Baalbeck.
    En las proximidades de este templo, se hallan los restos de otro templo que se remontan al siglo primero d.C., consagrado a “las Musas”, diosas del arte y las letras.




DATOS ÚTILES

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